miércoles, 12 de septiembre de 2012

Violenta y sorpresivamente, la joven abrió la puerta. Emmy no esperaba visitas.
- Me encantaría que me expliques, Emmy - sentenció Eva, omitiendo el permiso y los buenos días.

Emmy presentía que una especie de deja vu se iba a concretar. De su biblioteca retiró una caja, que contenía dos libros y otras pertenencias. Tomó uno de ellos, "Lakrónime Lado B" se podía observar. Lo sostuvo mirándolo durante unos minutos. Dolía tanto el suspiro que, una lágrima descendió por su rostro. Todo eso había sucedido.
Hubiese querido que el amor que ella sentía fuese eso: una isla, rodeada de pacíficas olas, queriendo transmitir un mensaje armonioso. Pero no.
Siempre había estado a prueba cual primera mujer en el mundo , una y otra vez, rodeada de enigmáticos árboles con sabrosas manzanas. No podía escapar de la tentación; tan frágil al contexto que no tenía llaves pero tampoco puertas.
Obviamente, en ciertas ocasiones se hacía preguntas y se perdía para encontrarse en caminos sinuosos y tan laberintos que estaban delante de sus ojos.
La realidad era rutinaria y muy certera: Emmy jamás lo olvidó, quizás porque olvidar era eso: negar un pasado que había sido mejor. De confusión ahora sólo albergaba humo, dificultando la visión. Pero si lo recordaba, lo hacía con sus propios recuerdos hechos a su medida que, en su piel, hacían ecos. De las casualidades se había cansado y, lo único que aprendió de ellas es que no existen.
Y pensar que,hace unos momentos, sólo estaba concentrada en la muestra de sus obras en el Museo local y en el cumpleaños de Eva.


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Habían transcurrido varios años. La ciudad había cambiado y ahora Emmy estaba usando otro traje, cortesía del paso del tiempo. La naturaleza, sin embargo, siempre se mantenía fiel a las estaciones, sin dejar de lado el dramatismo que tanto la caracteriza.
La mañana estaba fría, transcurriendo entre la paleta de amarillos y naranjas de las hojas de la vegetación. Se acercaba el día de cumpleaños de Eva, y Emmy había decidido comprarle un presente. Se peinó, se vistió con su saco color camel y se fue.
Iba caminando, pensando sobre qué cosas le podrían llegar a gustar. Emmy la conocía hace poco más de diez meses; la joven la ayudaba con sus cuadros en el Museo, y habían tramado una cierta amistad.
Imaginó que podría gustarle algo útil para su nuevo departamento, entonces no dudó en ingresar al bazar de la Avenida.

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Se sentía cansada. Algo no estaba bien. Quizás la soledad la estaba atormentando, o quizás no. Lo cierto era que no estaba en su máximo esplendor, como solía decirle su padre.
Se quedó unos minutos más en la cama. Pensaba en que hacía más de dos semanas que no tenía noticias de su progenitor y que ese día estaba disfrazado de una buena oportunidad para invitarlo a tomar un café.
Se levantó, se vistió y lo llamó.

- Hola? - dijo el hombre.
- Hola pá - saludó la joven.
- Cómo estás Eva! Qué temprano!
- Bien papá. Querés acompañarme a desayunar , dentro de media hora, a Café Bronks?
- Me parece muy bien! 
- Nos vemos allá entonces. Beso.
- Beso Eva.

Eva tenía un problema con la puntualidad, por lo que cuando llegó al Café, su padre ya la estaba esperando, algo ansioso, característica principal de él. 
Le pidió disculpas por la impuntualidad, pero él con solo verla ya estaba feliz; no podría jamás llegar a enojarse por eso.
Dialogaron sobre sus actividades, el cumpleaños de ella que estaba próximo y sobre algunos proyectos que Eva tenía en mente.
Pagaron la cuenta y decidieron ir  a caminar, en la fría mañana, por la Avenida de la ciudad.

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Si con algo debía lidiar Emmy a diario, era con su indecisión. Había elegido un juego de tazas, pero no podía elegir el color. Finalmente, pidió llevarse el juego de color blanco.
- Necesito que lo envuelvan para regalo por favor - dijo Emmy a la joven que la atendió en el bazar.
Una vez que le entregaron la caja, salió contenta del local, principalmente porque el regalo había sido una buena elección. Caminó dos cuadras por la Avenida y se detuvo en la esquina del semáforo que ahora estaba en rojo para los peatones.
Continuó caminando, cuando de repente, pudo divisar a Eva que venía en  dirección contraria a Emmy, por la misma vereda. La joven estaba acompañada de un hombre cuyo rostro le era conocido.
En un momento, Eva ve a Emmy, entonces se dirige para saludarla y presentarle a su padre, de quien siempre contaba alguna que otra anécdota.  
- Qué sorpresa! - dijo la joven - No pensaba encontrarte tan temprano por acá! Te presentó a mi pad...Emmy la vio a ella, lo vio a quien era su padre, y no pudo evitar dejar caer la caja del regalo.
- Ay Emmy! Estás bien? Dejame ayudarte! - exclamó Eva.
- No, no te preocupes. Nos vemos el viernes - respondió Emmy, nerviosa y confusa por la situación.
Mientras veía que se alejaba del lugar, Eva le preguntó a su padre:
- Qué le pasó? Se notaba distinta a lo que es. Ella no es así.
Su padre también estaba anonadado por el confuso episodio, y lo único que le dijo a su hija es que continuaran caminado y que después ella la llamara para preguntarle por su estado.

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Cuando Emmy llegó a su casa, lo primero que hizo fue sentarse en el sillón, con su mirada nerviosa y confundida. No podía explicarse cómo no pudo disimular ante semejante situación.
Habían pasado tres horas del huracanado destino, cuando decidió desarmar lo que había quedado del regalo. Todas las tazas estaban rotas. 
Mientras observaba los daños, escucha unos pasos provenientes de afuera. 
Violenta y sorpresivamente, la joven abrió la puerta. Emmy no esperaba visitas.
- Me encantaría que me expliques, Emmy - sentenció Eva, omitiendo el permiso y los buenos días.














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