"Negando se puede afirmar. Oh! Arte Divino de poder decir en formas camufladas lo mismo!"
Los viernes nunca fueron comprendidos como el fin de las jornadas laborales, sino como el comienzo de una previa mágica del fin de semana, llenando rincones de la mente con incertidumbres, alegrías, dudas y ansiedad. Al menos, así lo sentía Emmy.
Cada rayo de Sol, caía en su retina y una nueva idea surgía. Caminaba por las veredas y en cada esquina, posaba frente a la vida, como desde hace mucho tiempo no lo hacía; ahora estaba felíz y pensaba en compartirlo con él...ese alguien que estaba entre las capas más o menos profundas de su ser. No lo dudó y lo llamó, invitándolo a cenar; excusa que jamás fallaba, pero nunca se sabía lo que podría llegar a pasar.
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Sentados frente a frente, un silencio agradable y cargado de miradas, reinaba en el ambiente. Emmy amaba los momentos así, porque se imponían por sobre las palabras y los susurros. Tan pronto como lo supo, su mente tomó un descanso, dejó decidir al corazón, quien ordenaba actuar pronto, porque ya había esperado demasiado tiempo por él.
Se levantó de la silla y se dirigió hacia él, quien entendía a la perfección ese lenguaje. Todo se transformó en un 'aquí y ahora', donde no importaba más nada, ni siquiera la coordinación de movimientos.
Existía una libertad de dos almas presas de dos cuerpos dejándose explorar, jugando entre luces y oscuridad..donde predominaban los besos cuál cascada de manantial.
Fueron hasta la cama, tatuando en las paredes dulces sombras de un futuro recuerdo y experiencias sensoriales, tratando de saldar los días que habían pasado sin sus presencias, desafiando el miedo de dejarlo todo e irse sin nada.
Pero algo extraño podía deducir la intuición fémina: nunca la noche había durado tan poco. Nunca el amanecer había tenido tanta prisa por inaugurar un nuevo día.
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Él abrió los ojos y su mente se activó; ella despertó también, pero se sentía renacer, una y otra vez, evadiendo con ganas la realidad de que todo ya había pasado. Él buscó su ropa y luego, procedió a despedirse.
Nadie tenía obligaciones ese día. Nada era más inútil para Emmy que comparar cualquier actividad con pasar un día juntos, ya que la Eternidad estaba muy lejos y fuera del alcance de tales individuos. Él no estaba confundido; ya había pasado situaciones similares y su proceder era indistinto.
Beso de por medio, un deseo de buen día y de nuevo a la realidad. Emmy lo vio, a través de la ventana, alejarse hasta perderse entre el horizonte.
Volvió a la habitación para vestirse, y se dio cuenta que el cajón de la mesa de luz estaba entreabierto. Lo abrió para cerrarlo como corresponde, pero había algo nuevo dentro del cuadrado de madera: un papel escrito con lapicera de tinta azul...Un papel que dio comienzo al Sábado y recordó lo desafortunada que es Emmy al enamorarse de alguien que no sólo no era para ella, sino que además, no puede quererla más de lo que le demuestra. Casi diria, con fecha de vencimiento.
Leyó una y otra vez, hasta que las lágrimas se lo impidieron.
Leyó una y otra vez, hasta que las lágrimas se lo impidieron.
[ Fragmento extraído del libro "Lakrónime Lado A" - Autora: Karen E. Muñoz.]
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