..."Todo escritor se enfrenta más de una vez en su vida, a la típica pregunta de: "Y contame, sobre qué escribís?"...
(Inicio del Paréntesis)
En la mayoría de los casos, no es que queramos evadir con todo el alma la pregunta, sino que simplemente no se puede dar una respuesta con exactitud.
En mi caso debo decir que empecé a escribir jugando, por aquellos años en donde la mayoría de los conceptos emocionales todavía no fueron descubiertos o vividos, pero con el paso del tiempo, me fui dando cuenta que me gustaba más que un juego, porque si fuese como tal, tendríamos que saber de antemano que podemos tanto perder como ganar.
Escribir es mucho más que tomar un papel y lápiz y hacer una serie de líneas algo elegantes bajo el nombre de letras, que en su conjunto van formando oraciones para mutar en párrafos. Escribir es un poder; el poder de la expresión, de la imaginación por sobre todo, que se fusiona con lo emocional para poder dar como resultado bellas obras que, para los demás, no son más que algo estético y de lectura superficial.
También, hay que tener en cuenta que somos seres que sufren una gran variedad de etapas a lo largo de sus vidas, y que en muchos casos, vamos a plasmar la situación que estamos viviendo en el papel.
Por el momento, he pasado las etapas de búsqueda de respuestas, de formulación de preguntas, crisis existenciales, descargo, pero la que más me llamó la atención ( debo admitir que, a veces, la escritura en mi genera algo así como un auto-examen psicológico) fue aquella etapa de enamoramiento. No es que me cueste demostrar mis sentimientos pero, es casos como este, suelo manejarlo con pinzas.
Hay quienes sostienen que solamente unos pocos pueden enamorarse a lo largo de su vida y que cuando el fenómeno ocurre, sólo ocurre una vez. Bueno, quizás son un poco extremistas y generadores de miedo, por lo que considero que esto no es una ley que se cumpla al pie de la letra. Lo que sí puedo decir con un poco más de seguridad es que, cualquier ser humano que llegue a enamorarse (no tiene por qué ser sólo una vez ni ser solamente algunos elegidos quienes lo experimenten), podrá notar que, aquel ser el cual deslumbró nuestros ojos y lo sentimos como el casi representante de la perfección absoluta, se convierte en una especie de cascada de inspiración eterna. Sí, eterna.
Cuando hablamos de algo tan complejo como es el amor, hay que hacer una aclaración:
"El amor es un gran árbol en donde sus ramas de bifurcan, pero sólo dos tienen una diferenciación muy interesante: el amor correspondido y el no correspondido".
A veces suelo responder de manera graciosa para no generar en el ambiente un aire de lamentación y pena, pero la vez que me enamoré era el amor del segundo tipo. Fue algo extraño y enrededado; lo primero es algo típico de este sentimiento, ya que siempre nos sorprende, y lo segundo merece capítulo aparte.
Lo que quiero resaltar es que, aquellas personas que se enamoraron y no les era correspondido, aprendieron mucho más que cualquiera en esta vida. Hablo de laberintos en donde nos perdemos, tan cegados y somos capaces de soportar todo un año de infierno por un minuto en el paraíso.
Quizás muchos no estén de acuerdo con pensar en que amar puede llegar a doler. Bueno, debo decirles que cuando el amor es mutuo, pueden tocar el cielo con las manos e indudablente van a ser dos seres que se fusionan en algo tan lindo como son esas cuatro letras; pero cuando sólo uno de los dos se enamora e intenta explicarle con vanas palabras lo que siente cada vez que ve a esa persona, es como hablar cualquier idioma menos el que los rige a ambos.
En mi caso, una sola persona marcó un antes y un después; y hasta me arriesgo a decir que fue la extraña mezcla de mis mejores sueños y mis mejores pesadillas.
(Fin del Paréntesis)
..."Escribo sobre el amor. De ese amor que duele pero es tan lindo recordar"...