miércoles, 23 de mayo de 2012

En base a dos iniciales.


Una larga noche le esperaba.Ecos resonaban sobre lo último que habían hablado; todo parecía tan en vano a los ojos de ella.
Por lo general, la tendencia gris siempre se resolvía escribiendo o leyendo. Pero ese día, no encontró solución o resguardo en algunas páginas, mucho menos, en tintas de colores.
Ella lo amaba y sabía en todos los problemas en los que podría llegar a involucrarse; uno de ellos y al que más le temía , era el dejar su corazón desnudo, lejos de corazas que siempre solía utilizar en cuestiones emocionales. Pero aun así, lo hizo.
Nada era fácil, ni para él ni para ella; mucho menos, volviendo de trescientos sesenta y cinco días de acorde verdad, posteriores al triple de mentiras.
Amar era un arma de doble filo, porque se sentía cansada de decirle la mayoría de sus sentimientos. Ese desgaste provenía de la inmensa energía que con gusto demandaba, para que él pudiera entender aunque sea, una cuarta parte de lo que sucede en aquella área abstracta del músculo cardíaco.
Pero ella comenzó a entender que algunas cosas no tienen retorno. Es como dar a una pared, con los ojos cerrados y el corazón abierto. "Sabés qué feo se siente?", repetía a la nada absoluta de su dormitorio.
Cuando estaba con él, cada beso, lo daba con el alma, lo daba con su vida. Sentía sed de su boca, de la que solamente él, lamentablemente, respondía con inercia. Si acariciaba su cuerpo, lo hacía contemplando cada centímetro de su esbelta y hermosa escultura envuelta con piel humana.
Ella, joven y tan sentimental, dejó todo cada vez que lo vio y podía seguir haciéndolo para estar aunque sea diez metros mas cerca. Odiaba la distancia como la Luna odia el día en la Tierra, porque nadie la puede contemplar en su máximo resplandor. 
Esa noche quiso engañarse a si misma, imaginando que no lo amaba, que en segundos iba a sentirse mejor., pero ¿Cómo alguien puede sentirse mejor estando sola, necesitando de aquellos brazos que la rodeen, de su calor, de su presencia por sobre todo?
Hace una pequeña fracción de tiempo atrás, ella le escribió un libro, y finalizado ese, comenzó otro. Dos veces dudó sobre si era lo correcto entregárselo, y ahora, lo tenía en sus manos. Llorando, estuvo a punto de deshacerse de ellos, destrozando cada hoja, perdiendo en el vacío cada letra y frase escrita para él, pero le pareció mejor idea guardarlos en una caja, la misma en donde guardaba fotos viejas y algunos recuerdos con bastante carga emocional.
Se sintió la peor de todas, más que nada porque lo que él le dijo fue casi como un insulto. Podrían tratarla de joven e inexperta, pero ella sabía muy bien todo lo que le pasaba.
Más nada pudo hacer si, a leguas sabía que los "te quiero" de él, no le llegaban ni a la rodilla de los de ella, quien se los decía sin permiso, con alegría, sin letras chicas y se lo recordaba todos los días. 
Sabía que el amor no correspondido, tiene ese olvido y ese dejar ir, que acentúa un fin sin más explicaciones.
Esa noche, pensó de todas las formas posibles y, se auto-preguntó, si estaba lista para vivir con su recuerdo y glorias pasadas.
Si no era fuerte, iba a intentarlo, porque amar es también dejar ir, en el momento justo.







Published with Blogger-droid v2.0.4