jueves, 26 de abril de 2012

Traspaso de escenarios.


Un dedo tocó su cabeza dos veces.En la primera, no hubo señales, pero en la segunda vez, se movió lentamente, cansado, como si hace dos minutos hubiese caído en sueño profundo y ya debía continuar.

Se levantó rápidamente, porque, si bien no recordaba mucho, era consciente de que aquel movimiento debía ser lo más rápido posible, para pasar desapercibido para el resto.

Fuerzas externas hicieron el trabajo por él; todo estaba calculado mucho antes de que lo supiera.Cegado por la luz blanca intensa, fue transportado por un caudaloso río de aguas claras, a la velocidad del sonido.Habían muchas curvas, desniveles, pero jamás sintió que esto le molestaba; el dolor no tenía lugar en aquella descripción.

El río desembocó en una cascada, y cuando fue atraído por la gravedad, un manto suave y blanco como las nubes, lo cubrió por completo.Allí descansó de la travesía que recién comenzaba.



Un dedo tocó su cabeza dos veces; ya sabía que nunca hacía caso al primer llamado, por lo que insistir era su obligación.Sus ojos permanecieron abiertos unos instantes, y pudo ver un paisaje increíblemente verde pero despoblado de todo.Escuchó una voz fuerte que le dijo:

- "Volverás a estar aquí, pero cuando yo decida.Cuando esto ocurra, deseo que podamos contemplar juntos un maravilloso jardín; no sólo donde predomine el verde, sino, donde hayan rosas sin espinas."

Tan pronto como terminaron esas palabras, un viento lo arrastró casi una eternidad, confundiéndolo sobre dónde estaba el principio y el fin de aquel túnel en vertical.

El final estaba cerca.Ya se podía escuchar la música deleitante y tranquilizadora.Seres corrientes para su realidad, pero amorfos para nosotros, hacían lo que llamamos reír, cantar y danzar.Todos estaban de fiesta.De repente, alguien apoyó la mano sobre su hombro y antes de caer en gestos demasiados notorios, fue lanzado hacia una caja circular roja, parecida a un tambor.



Sus oídos percibían demasiadas mezclas sonoras, quería abrir sus ojos y le era imposible.Pero había algo que era muy diferente: sentía y presentía.Una sensación exótica.

Exploró su espacio; no era lo más amplio deseable para cualquiera, pero lo amaba y se sentía convencido que así lo era.Las paredes estaban decoradas con tonos rojizos y millones de líneas que parecían correr una carrera maratónica.

Rápidamente, aquel lugar pequeño, elastizado y acogedor, fue destrozado prolijamente.Se asustó, no sabía qué hacer.Quería salir, lo tenía asumido, pero era tan difícil abandonar aquel sentimiento que su especie de cueva le despertaba!.

Sintió lo mismo que tenía él al final de sus extremidades superiores, pero estaban rodeándoles su cabeza, después sus hombros, hasta que finalmente, salió a una nueva dimensión.

La luz era diferente, era como una réplica de bajo precio de la que ya conocía; los ruidos eran molestos; su cuerpo estaba siendo manipulado de una manera extraña a lo que conocía.

Se sintió invadido.Extrañaba aquel tamborcito transportador.Tenía ganas de llorar, y llegó a un punto que ya no se podía contener.

Estalló en llanto, como nunca lo había hecho, hasta que unos brazos palpitantes y llenos de amor, transmitieron con una voz dulce que parecía conocerla:

- Bienvenido, hijo mío, no llores más, ya estás con mamá.


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