viernes, 27 de abril de 2012

Destino andante.

Hace 8 años que trabajaba en la oficina.La rutina era para él, algo sin muchos preámbulos ni conceptos; "sólo sucedía, usándonos para cumplir sus fines ocultos", respondía cuando alguna voz inquieta le preguntaba.
Dejaba su automóvil en el estacionamiento, saludaba al cuidador y comenzaba su caminata de cinco cuadras para su trabajo.
Antes de llegar, se detenía sobre el semáforo del boulevard de la transitada Avenida Argentina; allí esperaba unos diez minutos para que se le permitiera seguir circulando.
Siempre le llamaba la atención un señor de edad avanzada, que se ubicaba frente al monumento, con su puesto de venta de diarios.Todas las personas lo conocían, es decir, al menos lo saludaban;  era algo así como una costumbre callejera.
El oficinista siguió su camino, hasta llegar al edificio donde trabajaba.

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El viernes todo tiene otro color: uno se despierta y sabe que culmina el círculo constante laboral, preparándose para nuevas situaciones durante el fin de semana.
Esa mañana, quiso cambiar todo.Se fue hasta donde estaba el hombre de los diarios y le dijo:

- Buenos días, cómo le va? - estrechándole la mano.

- Hola - dijo seriamente el anciano.

- Me preguntaba si tiene tiempo para charlar conmigo - dijo el oficinista.

- Yo sólo vendo diarios; si le interesa, le vendo uno, sino, siga su camino.Buen día - respondió el señor.

- Disculpe, fui amable con usted, sólo me interesa poder tener una conversación amena; si es que se puede, pero veo que hoy no tiene el mejor humor de la humanidad, así que continuaré con mi camino.Muchas gracias - y se despidió con su traje gris brillante.

- Espere! - gritó el hombre- quizás puedo amigarme con su interés, pero recuerde que de esto sobrevivo - mostrándole un ejemplar - por eso no puedo distraerme mucho tiempo - advirtió el señor.

- En promedio, ¿Cuántos ejemplares vende? - dijo el profesional.

- Y...en una hora puedo vender cuatro, quizás - bajando su cabeza tímidamente.

- No se preocupe, charlemos una hora, y yo le doy el dinero que usted ganaría con su negocio - sonrió el oficinista.

- Está bien, pero sólo una hora! - respondió el humilde hombre, castigado por el paso del tiempo.

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- A dónde me lleva? - preguntó el diariero.
- Vamos a la confitería, a tomar algo caliente - respondió Leonardo.

Se ubicaron en una mesa, al lado de la ventana cuya vista era una de las veredas mas transitadas de la ciudad.
Mientras esperaban el café, Leonardo lo observaba: la vista del hombre se escondía; parecía ocultarse tras un tejido que no permitían el paso de otros.
( Leonardo) :- Cómo se llama usted?

(El diariero) :- Constantino.

(Leonardo) :- No se sienta incómodo, sólo quiero saber de usted por mi propia curiosidad.Todo el mundo parece conocerlo, pero, sin embargo, puedo ver una persona fría y cerrada y no entiendo esa relación.

 (El diariero) :- (sonriendo) Usted no sabe nada de la vida, y lo poco que sabe no se lo cuestiona; cae en el sentido común constantemente, sin darse cuenta, inmerso en una vida descontrolada y sin saber elegir; o quizás lo hace, pero sus elecciones no han sido las mejores.Usted es autor y testigo de sus propios actos.

(Leonardo) :- (obviando lo que le dijo el hombre) No tiene por qué cubrirse intentando mal describirme a mi. No entiendo por qué ese sarcasmo, si soy simplemente un buen hombre que lo invita a tomar un café, como viejos amigos sin serlo!.

(El diariero) :- Veo su amabilidad, es más, le agradezco, pero está perdiendo tiempo de su trabajo para intentar conocerme.Le pido disculpas; lo que sucede es que siempre estoy en el medio de otras personas,  quedando a un lado para la vida.Mi trabajo es más que vender diarios.Mi trabajo es ver a la gente perdida como usted, desorientada, apurada, que corre tras un reloj, que trabaja tras un sueldo, que cree sentir amor tras una mujer; deberían agradecerme por lo que hago.Los observo caminar y llevarse el mundo por delante.Gran error!

(Leonardo) :- (empieza a darse cuenta que pudo haber caído en su propia trampa, o en algo que no alcanza a deducir, pero que poco a poco, lo va desnudando con descripciones tal cual él es; acción que nunca dejaba para otros) - Dígame, quién es usted. Ya queda poco tiempo; tengo que trabajar, seguramente recibiré un castigo por esto, y además, déjeme decirle que si se quiere aprovechar de mi, sólo le voy a pagar lo que acordamos, el resto del día tendrá que dedicarse a vender más diarios o, en su defecto, a encontrar algún idiota como yo para que le salve el día y sus necesidades.

(El diariero) :- (ríe y mueve la cabeza.) - Y el que no es amable soy yo luego! Mi querido Leonardo, no es que no le agradezca su atención, pero ha llegado donde nadie más había llegado.Usted es hábil, es manipulador, cree que con dinero comprará todo.Sus errores a veces lo ciegan, por favor, no permita más esto.Mi vida transcurría sin que nadie me molestara ni se interesara por mi; pero un día, ,todo cambió y ese algo es usted.Lo acepte por su propia felicidad.

(Leonardo) :- De qué me habla? Qué felicidad?

(El diariero) :- Sí, así es.A partir de hoy, usted va a ser una nueva persona.Yo lo sé y estoy felíz por eso.Me duele que me había acostumbrado a cierto anonimato que en esta calle con mi puesto de diarios, había conseguido.Pero, todo lo bueno dura poco, asi que tendré que irme a otro lugar, con mis cosas sin dejar rastros.

(Leonardo) :- Constantino, no le entiendo nada, sea claro por favor.Por qué no me dice qué es lo que pasa?  No logro comprender qué es todo esto.

(El diariero) :- Aunque no crea, está próximo a entenderlo.Me hubiese gustado ese café, pero debo irme.Un gusto, Leonardo. (Se levanta, toma su campera, su bolso negro añejo y se dirige sin mas, hacía la puerta).

(Leonardo) :- Espere! no se vaya! - (Leonardo se pone de pie, y se dirige rápidamente a retener a Constantino; pero no advirtió la puerta de la cocina de la confitería, donde salía la moza a reemplazar al mozo quién les había tomado el pedido de los dos cafés)

(Moza) :- Cuidado! (gritó con la bandeja en la mano, chocándose de frente a Leonardo).

(Leonardo) :- (levantando los brazos, mirando su camisa, saco y corbata, mojados por cafeína) - Mi traje! - (levanta la mirada enojado, pero queda anonadado al observar la hermosura de la joven de cabellos castaños y ojos almendrados, que estaba perpleja frente a Leonardo).

(Moza) :- Disculpe, no lo vi, pero usted tampoco tuvo precaución. Espereme aquí que le traigo algo para que se limpie.

(Leonardo) :-No, por favor, no se moleste (le toma la mano) A tanta hermosura, un error no es nada.






Ambos quedaron mirándose durante unos minutos.Algo los había conectado.
En la ventana, Constantino los contemplaba.Se río una vez más y continuó su camino, hacia otro lugar distinto, donde habrían muchas personas perdidas inconscientemente y él debía mover algunas piezas.