La situación económica en el diario local, marchaba de manera desalentadora.Era una época de crisis y varios puestos de trabajo habían sido recortados, incluso aquellos específicos y fundamentales.
Antonio todavía formaba parte de la organización, pero nadie sabía con exactitud hasta cuándo.Con su salario, apenas podía mantenerse, haciendo sacrificios y tratando de ver el lado positivo, aquel que era tan difícil encontrar cuando estaba posicionado en un contexto tan negativo.
El día lunes se presentó a trabajar y una advertencia cambió el rumbo de su destino.Desde gerencia le dijeron que debía traer interesantes fotografías acompañadas de una jugosa e intrigante nota, para poder seducir a los lectores y de esta forma, repuntar en las ventas.Tenía solo veinticuatro horas para cumplir con esa tarea; caso contrario, recibiría el telegrama correspondiente.
"Trabajar bajo presión no es saludable", murmuró cuando salió de la oficina; pero no tenía otra alternativa.Era todo o nada si quería seguir viviendo decentemente y no en el banco de la Plaza de los Españoles.
Preparó todo su equipo, y se dirigió a la "Colonia Los Inmigrantes", que se situaba a unos 105 kilómetros de su localidad.
Cuando llegó, pudo ver que nada estaba fuera de lugar y que ninguna de las advertencias que le habían hecho sus compañeros de trabajo, eran ciertas.
Había césped por doquier, buena vegetación, los medios de transporte que allí circulaban eran algo antiguos, pero sin dudas, le daban un toque especial a aquella colonia de 1.759 habitantes.
En la entrada había un cartel de madera añeja, con un mapa tallado a mano.Quedó detenido unos instantes, observándolo, y le llamó la atención un pequeño barrio denominado "20 años".Por lo que se podía deducir, era uno de los primeros barrios fundados por inmigrantes anglosajones y pensó que podía encontrar buenas historias y hacer excelentes fotografías.
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Estacionó su vehículo en una calle de aquel barrio y pudo ver construcciones antiguas pero bien cuidadas, deslumbrantes para cualquier visitante.Bajó todo su equipo y se quejaba de no tener ayudante; todo lo debía hacer él.Caminó unas cuadras y, en una esquina, vio un grupo de niños jugando a la pelota. Antonio acomodó el trípode, la cámara fotográfica y comenzó a fotografiar aquella escena infantil.
De repente, los niños dejaron de hacer lo que estaban haciendo y huyeron despavoridos. Antonio se sintió mal, sus intenciones eran buenas.Decidió ir a otro lugar, antes de tener algún tipo de problemas, cuando, de repente, tras sus espaldas, una niña se acercó y le dijo:
- No eres de aquí, verdad? No te preocupes, esos niños no están acostumbrados a ver extraños; somos una comunidad pequeña y nos conocemos un poco todos.
El fotógrafo quedó sorprendido por la pequeña tan desenvuelta y pacífica para hablar, sin ningún tipo de verguenza.Por su estatura, no tenía más de seis años.
- Muchas gracias niña por avisarme; estoy un poco perdido y necesito sacar buenas fotografías, sino perderé mi empleo - contestó Antonio.
- A mi me gusta mucho lo que haces.Si quieres te puedo ayudar - dijo la niña de cabellos rubios y rostro casi cubierto por completo, debido al frío hiriente - allí, en la esquina, hay un circo.Puedo posar para ti o llevarte dentro de la carpa, porque mis tíos son los dueños.
- Bueno, me parece buena idea, pero.. no te dirán nada por estar con un desconocido? - preguntó Antonio, juntando sus elementos y, cuando quiso ver a la pequeña, esta ya estaba casi llegando a la esquina.
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- Así está bien? - preguntaba la nena sentada sobre un tronco, cuyo fondo era la carpa circense.
- Perfecto! Sabes posar y colaborar con mi trabajo - respondió Antonio.
En un momento, el hombre fue a buscar a su mochila otro lente para la cámara y, cuando este volvió al lugar, no estaba ni su herramienta de trabajo ni la niña y la carpa del circo estaba incendiándose.Anonadado por lo que ocurría, comenzó a pedir auxilio.
Los bomberos no tardaron en llegar, al igual que la policía.
- Se encuentra usted bien? - le preguntó el oficial del departamento local a Antonio.
- Si, no se preocupe - le respondió.
- No es que me preocupe, sino que tengo que hablar con usted - contestó el oficial.
- A qué se debe? - preguntó Antonio, desorbitadamente.
- Qué significan estos explosivos en su mochila y su vehículo?! Pirómano! - gritó indignado el policía.
- Mis qué?! Yo que soy qué?! - dijo el fotógrafo y no terminó de decir esto cuando una muchedumbre corría hacia él para destrozarlo por semejante acto aterrador.
Dentro de la multitud, un niño asustado, al borde del llanto, le repetía a su madre:- "Mamá, yo la vi, fue la enana". - "Hijo, esas cosas no existen.Volveremos a casa y te prepararé tu merienda" - respondió la señora, indignada por la situación presente.
El automóvil de Antonio, fue destruido por la furia de la comunidad.Entonces, corrió por su vida y corrió los 105 kilómetros para llegar a su ciudad y terminar con la pesadilla.
El automóvil de Antonio, fue destruido por la furia de la comunidad.Entonces, corrió por su vida y corrió los 105 kilómetros para llegar a su ciudad y terminar con la pesadilla.
Cuando estaba por llegar a la localidad, la desconoció.Era ahí donde vivía pero algo estaba bastante diferente.Había cierto grado de modernización que no concordaba en absoluto.Fue hasta la editorial del diario, pero ya no estaba más: un nivel de abandono tremendo, arrojaba una postal estremecedora.
A dieciséis pasos había un control policial.Sin dudarlo dos veces, fue hasta alli para preguntar por el edificio donde trabajaba.
El joven que allí se encontraba, no pudo contener su risa y, entre carcajadas pudo balbucear la respuesta a la pregunta de Antonio:
-Disculpe señor, hace veinte años que cerró, por problemas económicos - respondió el policía -Se encuentra usted bien?.
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