sábado, 21 de abril de 2012

Falsos espejismos.

A su edad, se creía una de las únicas personas en el mundo capaz de traer a su imaginación, recuerdos patentes vividos.Podía sentir una y otra vez un perfume recordado, una persona, el roce, el tacto y hasta cada suspiro de quien quisiera.

Ahora veía caer la nieve sobre el jardín, sentada cerca de la puerta, para levantarse a recibir a quien podría visitarla o para atender el teléfono si alguien quería saber cómo estaba.Ironía de la vida alargar la espera y el invierno.Parecía mentira pero el sol caluroso de Diciembre, se extrañaba y se lo colocaba en un pedestal en momentos como estos.

Limpió los cristales de sus lentes, para evitar que se aburrieran de tal paisaje blanco.

En su muñeca izquierda llevaba una fina pulsera de plata, con algunos eslabones un poco torturados por el paso erosivo del tiempo.

Recordó aquel amor de 1925 y no pudo evitar el rosáceo que se apoderaba de su bello rostro.

Eran jóvenes, y a nuestros tiempos, eran unos tontos que en redes del amor habían caído.

Alfonso era unos cuatro años mayor que ella.Su respeto era inmenso, asi como su corazón y las promesas interminables que en sus labios posaban pero su corazón sentía.

Un jueves de aquel año, él la invitó a dar un paseo por el Parque de la Ciudad.Caminaron largas horas, charlando sobre intereses comunes que tenían, hasta llegar a la fuente principal.Alfonso no se pudo contener y le preguntó a Rita si la podía besar.La joven, mezcla de amor y timidez, huyó despavorida, con temor de que supiera que jamás había besado y que, de hacerlo, sus labios transmitirían canales de amor que con gotas se habían ido formando.

Huyó, víctima de sus pensamientos, rehén de un sentimiento tan grande y poderoso, que la hacía actuar tan extraño pero, a la vez, tan como era ella.

Alfonso, confuso y triste, se apartó de aquella fuente de agua, tan pronto como pudo, entre lágrimas y pensamientos que no lo dejaban respirar.

Rita supo, con el tiempo, que Alfonso se había anotado en un regimiento militar, lejos de la ciudad, lejos de todo.En cambio, él no supo más nada de ella.Los vientos de la vida y el destino, manejaron los hilos de su vida, separándolos, transportándolos en tiempos diferentes.

Ella quedó con el recuerdo de su pulsera y él con la amargura de un beso no aceptado y el mal sabor de un amor no correspondido, tal vez.

Rita lo rememoraba en su silla color café, frente a su ventana que transmitía en tiempo real, lo que la naturaleza tenía para ofrecer.

No quería engañarse con su imaginación, que le hacía sentir como si todo volvería a ser cómo antes.Por eso, se levantó muy despacio de su silla y fue hasta la cocina a prepararse un té.

Calentó el agua y se dio vuelta a buscar una taza.

-Aquí está - dijo el hombre, contemplando el rostro de Rita.

-Gracias -dijo inconscientemente la anciana.

Ella fue a apagar la cocina cuando, de repente, cayó en la realidad y gritó: -Oh, Dios.Alfonso.

-Rita querida, al fin se me permite verte. - dijo el hombre atrapado por la edad.

-Cómo es posible? - preguntó la anciana.

Silencio absoluto.Sus bocas se fundieron en un eterno beso y fue el día en que, el tiempo se detuvo.


                          ---------------------------------------

- Oficial! Oficial! Soy su bisnieta.Acudí tan pronto como pude.Por favor, necesito saber qué es lo que ocurrió - exclamó la joven, tratando de cruzar el portoncito de madera hasta la puerta de la casa.

- Lo lamento mucho.Fue la cocina.El monóxido no perdona a nadie, menos en esta época.


Published with Blogger-droid v2.0.4

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Un caramelo dice que..