lunes, 6 de febrero de 2017

Amor y Cobardía

Durante la primer etapa de la vida, uno reduce el significado del aprendizaje a todo lo que sucede dentro de la escuela y lo que los padres pudieran guiar. Pero para mi sorpresa, resulta ser mucho más que eso.

He trasnochado en algún sillón, aguantando el sueño para ver el final de la película, aquella en la que le suceden mil situaciones a los personajes pero cuando se dan su despedida, caminan de espaldas por la vereda, hasta llegar a la esquina donde se dan cuenta que ya no sienten el aire igual, que por más que sea verano comienzan  a sentir el frío de la des-protección y el vacío del abandono premeditado. Entonces, sin perder el tiempo, sin pensarlo dos veces, sin quedar como  idiotas en la vía pública, se dan vuelta casi al unísono y corren en direcciones iguales pero contrarias: corren a su reencuentro. Se abrazan, se besan y se prometen no volver a dejarse, maquinando proyectos, la cara de sus hijos, pensando en el color de las paredes del living.

Conmovedor.

Pisando la realidad, en una menor medida sucede ese revés en la vida de las personas. Suceden cosas hermosas, se declaran palabras de amor y de no abandonar, porque el que abandona está condenado a no tener premio. La gente se ama, parece no haber un clima de no-correspondencia, se declaran el amor cada vez que pueden, se piden no dejarse y se juran un amor eterno capaz de trascender vidas.

Si nos detenemos, podemos ver el amor todos los días, en cada cosa. Se los juro; yo misma lo he visto: hay  manifestaciones hasta en el mundo animal, hasta en las nubes, cada vez que opacan el Sol tan solo para dejarse caer agua y poder "ser" unos instantes.

Nunca queremos dejar ir. Y es que ¿por qué dejar ir el amor? ¿Puede alguien ser tan cobarde, en un mundo rodeado de la manifestación del amor? ¿En un mundo rodeado de pequeños tiempos, de tantas muertes, de tanto miedo, dónde el amor es lo Supremo que todo lo puede, todo lo sana? Puede alguien llorar por perder a alguien, pero aún así, ¿agradecer que lo perdió?.

Mi mente, por una vez en la vida, está en consonancia con mi corazón, y me dice despacio pero muy firme que "nadie debería abandonar en el nombre del Amor".
Pero lo sé. Se que no debería ser así, pero aún así ocurre. Y estoy muy confundida, porque no puedo imaginarme ver una persona esperando su noche más oscura y otra persona al lado llorando pero implorando que se vaya. 

Lloro de confusión al saber que la etapa de aprendizaje no comienza cuando somos chicos y no termina cuando nos dan un diploma. No. El aprendizaje comienza cuando conocés el amor, caes rendido, y lo das todo. Pero no te dan nada, y te lloran el pecho dándote las gracias, pero abandonándote a la vez.
Lloro. Lloro de confusión al no poder distinguir si conocí el amor o la cobardía.











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