"No importa" - me dijo al oído sumergiéndome en un abrazo - "No importa lo que no resulte y te deje un sabor amargo en la boca; eres joven, pequeña doncella, y sólo es un panorama del mundo que te ha tocado, con personas coincidiendo a tiempo y a destiempo" - extendió su pañuelo favorito sobre mi mano e hizo una pausa reflexiva.
"Cantar como tú lo haces, es sólo la virtud de unos pocos, y escribir como también lo haces, no caben dudas que son tus dones más preciados por mi pero sobre todo tiene que serlo para ti.
El vals no todos los saben bailar, y ahora estás aquí, con la Corte Real que siempre soñaste, pero sin ser sueño, con personas a tu alrededor aguardando que salgas a dar lo mejor de ti - me dijo sosteniendo mi rostro con sus manos, en una suerte de abrazo - y eso mejor es lo que eres sin forzar o planear el más mínimo detalle.
Verás, después de este día, que no sólo has salido de este toilette - señalaba la puerta de bronce torzado - y habrás vencido uno de tus mayores temores, sino que habrás sido una persona nueva, que lejos está aquella que sollozaba por Sir Le Mont de la mano de su prometida. Recién empiezas a caminar soltando la mano de aquel mundo que solía ser ideal; pero recuerda, que ahora tu harás del mundo, tu mundo con tus reglas y con los sentimientos que dejarás entrar y que te harán feliz.
De pronto, su rostro se iluminó de una manera en la que nunca antes lo había hecho y ahora, yo era testigo de aquel fenómeno que dejaba a relucir su parte más humana posible.
- Eso - continuó - Sonríe y se feliz, porque ocupas un lugar en este sitio tan importante, pero lejos de ello, ocupas todo mi corazón, bella hija. Sonríe y se felíz, que todos lo somos cuando rebozas tu juventud. El resto de las cosas que acontecen, son sólo cosas vanas y vacías.
Sonríe y seremos felices.
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