martes, 9 de septiembre de 2014

Potenciales para nada.

Qué lindo no cuestionarse las cosas; obviamente nunca me pasó eso. En realidad nunca me pasa algo lindo que perdure tres pestaneos sobre el aire.
Es el factor cuentista: o nunca o siempre y lo que siempre me pasa es estar como receptora del ambiente, de lo que sucede en el y no de lo que puede pasarme a mi.
Me comparo con un hotel; un hotel cerca del centro en donde los huéspedes eligen pasar la noche, no porque sea barato sino porque aparenta ser normal. Y cuando se dan cuenta - ávidos ellos y ligeros como toda brisa carroñera - que esa normalidad era aparente y que el precio no justifica los hechos, como una incomodidad, huyen. Pero nunca me pareció que huir sea de cobarde; huir es una posibilidad y hasta me atrevo a decir que es la habilidad para poder convivir; el más apto de una de las partes que aprovecha su condición móvil de aquel que no la tiene.
Bien por ellos.
Y el hotel sigue, sigue recibiendo huéspedes, con mucha habilidad para salir corriendo y esquivar en su vuelo algún sentimiento de culpa.

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