jueves, 21 de agosto de 2014

Tracción a dudas.

Quisiera pensar como la Fuente.

Quisiera tener su coherencia para la inventiva creatividad y poder auto-explicarme cómo es posible crear lo Divino del sistema y conspirar contra su propia labor y entes nacientes, destinándolos a perder.
Es que perdemos todo, menos la esencia, pero no somos nada sin su alimento, dejándonos un  sabor amargo y conformándonos con las sobras. Tan sólo si pudiera relevar las veces que me endudé como un 7 numerológico que soy, tratando de generar los conductos necesarios para tomar conocimiento sobre por qué se pierde todo lo que se gana, incluso lo que llevamos dentro.

Desde el espermatozoide que gana y deja al resto boquiabiertos, perdiendo su lucha contra el tiempo y lo frágil de las condiciones, hasta el cordón umbilical, para luego perder la verguenza a priori de la inocencia. Proporcionalmente a lo complejo que nos vamos haciendo, perdemos potenciales ex novios, perdemos en la lotería de la suerte habilidosa para convertirnos en líderes de las masas, perdemos peso, gustos, tactos.
Nuestras ganancias intentan recuperarse de los golpes bajos y perdemos credibilidad, paciencia y hasta unos pelos en la cabeza.

De la ramificación de nuestra sangre, generamos la herencia para los nuestros que, improbablemente , corran otra suerte. Y continuamos perpetuando las pérdidas, limitándonos a posibilidad cada vez más difíciles de alcanzar, tratando de comprender los no y evitando los por qué.

Si el futuro conspira tristeza, te perderé a vos, me perderás a mi y lo que hicimos; o quizás no te perderé porque nunca te tuve, y no me perderás porque jamás me ganaste para tu egoísmo. Perderemos color, unos cuántos kilos en las piernas y otros pocos pesos en el bolsillo.

Ganaremos un lugar relativamente profundo en la tierra, sólo que alcance para el espacio que ocupemos. Los nuestros perderán lágrimas llorando un vacío, para que  después de no estar, ganemos reconocimiento por respeto a nuestra alma y alguna que otra anécdota de Domingo.

Es que ni siquiera eramos una vida, sólo intentamos cumplir lo que nadie nos explicó y del manual de no saber hacer las cosas, dimos lo mejor. Nos copiamos del otro, del de al lado, del vecino, y si lo que teníamos al lado era sólo una pared, entonces fuimos lo más fríos.

Tal vez, cruzando la laguna,  encontraremos todo lo que la Fuente nos sacó, y sólo así sabremos que valió la pena soltarlo por unos años, por unas décadas. O probablemente, nuestro anterior nosotros, era un loquillo que se llevó por adelantado todas nuestras ganancias y sonrisas, cargando sobre nosotros lo justo y necesario para la existencia que nos tocó.

Nacidos para perder.

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