Veo que todo cambia de lugar, menos la caja de acrílicos y unos pinceles que ya no se para qué pueden servir si no son para seguir el ritmo de una canción.
Tengo que despabilarme o darme vuelta el tarro de pintura para reaccionar y que todavía me puedo comparar con esas personas que respiran y caminan en las largas calles, que no miran las luces de los semáforos y van con la vista fija en la próxima esquina.
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Un caramelo dice que..